Laocoonte, El Greco

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¡Hola, coolturetas!

La semana pasada os pedí ayuda por twitter para elegir qué obra comentar en la proxima entrada. Os propuse dos opciones: Ciencia y caridad de Picasso y el Laocoonte de El Greco. ¿El resultado final? ¡Ganó por goleada el Laocoonte! A ver, ojocuidao, que hubo 5 votos (mil gracias a los que participasteis, por cierto) que me creo yo aquí las encuestas del CIS.

Vamos al lío, a ver qué nos depara el cuadro de hoy.

Laocoonte el greco

Doménicos Theotocópoulos, más conocido por todos como «El Greco» fue un pintor español nacido en la isla griega de Creta cuyo peculiar estilo analizaremos a continuación.

¿Qué observamos en el Laocoonte? Un montón de cosillas muy, muy características de Doménicos. Os cuento, ¿os dais cuenta de lo alargadas que son las figuras? Pues así siempre, en todos sus cuadros. Recuerdo que, hace años, mi profesora de Historia del Arte me comentaba que había quienes decían que tenía un defecto en la vista y quienes afirmaban que pintaba así porque le daba la real gana. Y, oye, la verdad que yo no sé deciros por qué lo hacía, pero me gusta mucho ese salseo y ese misterio en torno al canon alargado de los cuerpos. 

Hablando de los cuerpos, tienen un magnífico estudio anatómico pese a estar «deformadas», ¡cómo se nota que estudió en Roma y conoció la pintura de Miguel Ángel!

Por otra parte, son evidentes las pinceladas sueltas predominantes sobre la línea, lo cual le aporta a la obra una atmósfera vaporosa, aunque la solidez que tienen los colores hace que las figuras sean sólidas, según las miramos aparentan ser pesadas. Incluso las nubes, un elemento en principio ligero, dan la sensación de ser densas y firmes.

El movimiento de la escena es clarísimo, y se potencia con unos escorzos muy, muy marcados y posturas imposibles.

Respecto al tema el Greco era un pintor de imágenes religiosas, sin embargo aquí encontramos un capítulo de la mitología. ¡Ay, con lo poco que me gusta lo griego…! Ya lo sabéis… A estas alturas, ¿no cuela, no? #aquiénquieroengañar

El Greco utiliza metafóricamente el tema mitológico (ya que entra en juego la traición, ahora lo veréis) para dedicárselo al arzobispo de Toledo, amigo suyo que había sido destituido y condenado por parte de la Inquisición.

Os cuento amores míos, la escena representa a Laocoonte y a sus hijos mientras son atacados por unas serpientes. Uf, me he quedado calva describiendo eso, ¿eh? El caso, vamos a ver de dónde vienen las serpientes y por qué tienen esa saña con el pobre Laocoonte.

 Laocoonte el Greco 2 (2)

Este señor era sacerdote de Apolo en la famosa ciudad de Troya durante la contienda entre griegos y troyanos. ¿Veis en el cuadro un caballo bastante grandecito de camino a la ciudad? Pues sí, hace referencia al caballo de Troya, al enorme caballo de madera que entregaron como ofrenda de fin de guerra los griegos y que no era más que una brillante estratagema de éstos para entrar en la ciudad y poder atacar desde dentro una vez llegada la noche.

Cuando Laocoonte vio semejante regalo advirtió a toda la ciudad de que se trataba de una trampa. Para demostrarlo lanzó una flecha al caballo y oyó resonar armaduras en su interior pero, antes de que pudiese convencer a ningún troyano, apareció en escena la mano divina de Poseidón. El dios envió dos serpientes enormes para que terminasen con la vida de Laocoonte y de sus hijos, quienes, por mucho que lucharon con todas sus fuerzas, no pudieron más que retorcerse ante la fuerza de las serpientes caídas del cielo (o salidas del mar, en este caso).

Los troyanos creyeron que esta escena era señal de castigo por Parte de Poseidón por haber siquiera pensado en rechazar el regalo e, inmediatamente, abrieron las puertas de la ciudad para meter en ella el gigantesco presente griego.

Ya sabemos cómo terminó la historia: con la ciudad de Troya destruída a manos de los griegos.

Supongo que muchos, entonces, recordarían las palabras de Laocoonte… Pero ya no había remedio, solo muerte.

Laocoonte el Greco 2 (1)

Por último, hacer mención especial a las dos figuras que están de pie a la derecha de la imagen. Hay quienes dicen que son Apolo y Atenea observando la escena de la muerte del sacerdote para, un poco, consagrar que pasó su vida dedicada a los dioses. Pero son todo cábalas, no se sabe a ciencia cierta; al igual que tampoco sabemos por qué la figura femenina tiene dos rostros: uno que mira a Laocoonte y otro que mira fuera del cuadro.

Misterios aparte, espero que os haya gustado y, as always, MIL GRACIAS POR LEERME.

¡Disfrutad del verano, coolturetas!