Aníbal cruzando los Alpes, William Turner

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¡¡Hola, coolturetas!! ¿Qué tal os va la vida?

Hoy os traigo una obra de “el pintor de la luz”, aka, William Turner, un artista cuya pintura fue bastante controvertida en su época, pero al que hoy reconocemos como uno de los grandes, grandísimos paisajistas de la historia.

En concreto, vamos a analizar Aníbal cruzando los Alpes, una pintura al óleo que representa una escena curiosa. Os cuento: Turner era un romántico, no de los que te abren puertas y regalan flores, sino de los que trabajan en sus obras el sentimiento de lo sublime.

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Poco a poco, en sus cuadros, el pintor refleja la naturaleza en todo su esplendor y con toda su fuerza. Encontraremos grandes tormentas, torbellinos, cielos oscuros y muy encapotados, ventiscas de nieve… Fenómenos que a cualquiera de nosotros nos haría sentirnos insignificantes y muy temerosos al contemplar su poder caótico e ilimitado. Vamos avanzando. Esa sensación de sentirte insignificante ante una fuerza de la naturaleza es el primer paso en el sentimiento de lo sublime. 

Pero no todo se queda en ser una mota de polvo; ante ese dolor primero nos encontramos con que somos capaces de atrapar lo informe a través de la Razón que se muestra ante nosotros, y sentimos placer. Esto es, somos seres humanos finitos y limitados capaces de aprehender lo ilimitado y la fuerza infinita con nuestra capacidad racional.

En serio, el que me diga que esto no es casi mágico va directamente a mi lista negra. Aviso.

Tu cara

Por otro lado, el cuadro narra un tema histórico. Encontramos al ejército de Aníbal en la parte inferior del cuadro entre un paisaje rocoso. Aún con estas, lo que más llama la atención es la pincelada suelta en la que se entrecruzan los colores, intensos y oscuros entre los que resalta un anaranjado y cálido sol. La dirección que toma el trazo nos da una sensación de movimiento total y constante, un remolino inacabado en el que se chocan los colores y las líneas.

Y os contaría mucho más pero creo que, por hoy, ya me he puesto demasiado profunda. Bueno, en realidad no, aún me falta terminar la entrada con la cita culpable de que yo haya escrito hoy todo esto:

A través del gozoso sentimiento de lo sublime el infinito se hace finito, la idea se hace carne, los dualismos entre razón y sensibilidad, moralidad e instinto, noúmeno y fenómeno quedan superados en una síntesis unitaria. El hombre “toca” aquello que le sobrepasa y espanta; lo divino se hace presente y patente, a través del sujeto humano en la naturaleza.

Eugenio Trías

Gracias por leerme, mis amores.

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